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Las reglas del juego
Alvy Singer
Una de las características de la prensa deportiva es que cualquier frase, absolutamente cualquiera, podrá ser usada en tu contra: de aquella máxima marxista de “ningún producto es inocente” llegamos a otra más antigua, pero sin que medien Harold Bloom o Camille Paglia, “toda frase es culpable”.
Y ayer el Barça de Guardiola deslumbró. Los titulares que van a leer hoy ustedes van a ser el de un empate pobre. ¿Cuantos titulares negativos van a llover sobre los porteros del FC. Barcelona? Ninguno. Porque, y esto es casi un pacto de silencio, la historia reciente del club lo demuestra: si hay algien que está siempre ausente es el portero. Ayer lo estuvo para parar un chute de Pereira y su homólogo del Racing le dio casi una lección de viveza y astucia. También lo está de casi todos los titulares de los panfleto del club.
En la segunda mitad el líder fue Iniesta, creando jugadas exquisitas (hay al menos un par memorables) y, nuevamente, un error defensivo de Puyol más la ausencia de portería desanimaron al equipo. A un Guardiola acorralado tuvo la inteligencia de sacar a Puyol y dar cancha a Bojan. Sin embargo, los que crean que la revolución no lleva tiempo, no lleva restauración están un tanto equivocados. Deberían darse una lección de historia. Que la Premiere acecha es un hecho y que esta imagen no apremia al equipo como un gran equipo, también. Pero el alarmismo se hace innecesario: este equipo, de mometo, ha dado síntomas de lucha y buen futbol, con pases imposibles, que hacía mucho tiempo que no mostraba, ni aún dando grandes rastros de épica había logrado mesurar tan bien a un Racing. Fue eliminado por un gol, pero nuevamente la historia ya no lo escriben los vencedores, sino los ventajistas. O sea, la prensa deportiva.
De profetas y banderas
Semana de Champions, semana calentita. Cruyff fue el primero en encender la mecha cuando, después de que todos asistiéramos al lamentable espectáculo del Barça ante el Racing de Santander, declarara en su "columna" habitual de El Periódico que el ahora equipo de Guardiola había disputado uno de los mejores partidos de los últimos años. Es bien sabido que este hombre domina a Laporta cual marionetista a su muñeco, pero ahora parece que esta autoridad se dirige a una situación de plena transparencia. El holandés, ya calado por todos, quiere abandonar "la sombra" para decir alto y claro que, si ahora el entrenador es el bueno de Pep, no es por otra decisión que la suya. Un hecho bastante razonable a tenor de las circunstancias. Guardiola es un mito del barcelonismo moderno, una flor criada en las raíces más pasionales del Dream Team y respetado por la mayoría de culés, siendo, por ende, el escudo perfecto del neocruyffismo abanderado por Laporta. Si la contratación de Mourinho hubiese llegado a buen puerto, Cruyff hubiera perdido el control, puesto que el luso no es de los que se deja pisar, y menos por un entrenador retirado que sólo tiene una Champions en su haber (y, por ccomo habla, parece que tenga 10). El otro damnificado por la decisión hubiera sido el mismo Laporta, cuyo rol de estrella hubiera sido eclipsado con facilidad por el talante y la fuerza mediática de Mou. Ahora interesa defender primero a Guardiola, que es una barrera anticríticas muy sólida, y da lo mismo que para ello se tenga que mentir. Porque, no nos engañemos, Cruyff sabe que si Laporta salta, sus días de cena y sermones en can Barça se habrán terminado. Incluso su asistencia al palco, si me apuran.
El otro debate de la semana llega del polo opuesto, el denominado actualmente como casa blanca. Auspiciado por el triunfo de España en la Eurocopa, el Real Madrid necesitaba reivindicar el españolismo que tantos años ha estado en el pozo en su faceta deportiva. No contentos con los actuales triunfos de los Gasol, Nadal o Contador, el Madrid quería ser más. Ya lo decía el "periodista" más vergonzoso que puebla el panorama deportivo-mediático español, Tomás Roncero; la victoria de España en la Eurocopa debe guiar al Madrid a la décima. Tanto se lo han creído desde la capital que este año los de Schuster lucirán una pequeña pero representativa bandera española en la camiseta durante los encuentros de Champions (de hecho, ya lo hicieron ayer frente al Bate Borisov ruso). Un hecho totalmente lamentable, puesto que ya existe un combinado nacional y los blancos no son nadie para erigirse en la representación de un país mediante un símbolo tan claro y determinante como es la bandera. No quiero hablar de política y no lo voy a hacer, pero sólo les diré que esto todavía despierta más recelos a los que, de alguna manera, se habían sentido más españoles con el triunfo de la Roja, más plural que nunca, en la Eurocopa. Ahora, éstos y los de más allá ya tienen motivos para hablar, y no precisamente de fútbol. Muy mal.
