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Fuera de juego

 

Alvy Singer.

Y primero fue Dickens, luego Rexach. Dos Charles. El primero contaba huéfanos supervivientes en un mundo burgués. El segundo se sobrevino al nacimiento del aburguesamiento de sus gladiadores. El primero puede presumir de fundar la tradición navideña. Carles Rexach puede hacerlo de escribir libros que no son novelas del siglo XIX pero con opinion que casi, casi, y que él, la voz de la experiencia, trazaba sus alineaciones con una moneda. A cara o cruz. Es un método célebre, personajes del calibre de Anton Chigurgh y Dos Caras también lo utilizaban. Poca broma con Harvey Dent, que lo de origen freudiano él lo resolvía con caos y siempre salía ganando el caos msmo.

 

Y me he dado cuenta de que Charly Rexach es un personaje, y, sorpresa, que Dickens sólo pudo hacerlos, que no hacérselos. Rexach fue muchos. El entrañable jugador cada día más revisado críticamente. El entrañable segundo entrenador. El entrañable primer entrenador (para los otros equipos). El entrañable escritor de memorias (para Lluis Mascaró, amigo del coautor del libro). Y Mascaró, ese simpático señor que debería escribir vidas de santos, cita a Voltaire y me desconcieran los escribidores que un día te hablan de cerveza, educación y horas de acostarse, y luego empiezan comparando al equipo, al més que un club, con Voltaire. Pero a Mascaró se le olvida, al parecer, que Voltaire escribió Cándido, pesimista novela sobre un señor alegre aquejado de desgracias que tiene un final ¿adivinan? Feliz.

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