Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2008.
Bienvenidos!
Hola, somos Ryu_gon y Alvy Singer, y esto es Fuera de juego. Un blog que nace con la intención de tratar el fútbol como se merece; con rigor, neutralidad y una profesionalidad por encima de los colores. Crónicas, columnas de opinión y las multirreferenciales "Popballs" se darán cita en este blog para mostraros la otra cara del deporte rey. La que nos esconden los medios de comunicación, ataviados con la camiseta del mejor postor. Desde aquí, intentaremos diseccionar las claves de los partidos, nos haremos preguntas que nadie se atreve a responder e intentaremos hacer del análisis futbolístico una pasión. Porque, por encima de todo, nos gusta el futbol, y queremos elevarlo a la categoría que se merece. Aquí y ahora nace Fuera de juego.
Pasen y vean.
La Crónica: F.C Barcelona- Manchester United

Libros, pétalos y rosas precedieron a un partido llamado a crear un antes y un después en la situación actual del F.C Barcelona. Un match al que el Barça llegaba más diezmado que nunca, con unas estadísticas en la segunda vuelta de la liga propias de un candidato a descender de categoría. Por el contrario, el Manchester de sir Alex Ferguson venía con la etiqueta, ya no de favorito a pasar la eliminatoria, sino de candidato a levantar la “orejona”. No obstante, las expectativas de una posible humillación sobre los blaugrana a cargo de los red devils no se llegaron a consumar porque los de Rijkaard, por primera vez en muchos partidos, volvieron a jugar al fútbol. Mención especial merece la afición blaugrana. Fue al campo consciente de la importancia del partido, sin olvidar pero los dardos envenenados de optimismo del presidente Jan, y animó al equipo hasta la muerte.
El partido se inició con un inesperado penalti contra el Barça que, ya en el minuto 3, auguraba una semifinal gris para los locales. Cristiano Ronaldo, esa bestia parda que en Old Trafford ya comparan con el “quinto Beatle”, George Best, fue el encargado de ejecutar la pena máxima. El luso, de la misma manera que suele crecerse en estos partidos, a veces comete pecados de juventud, movidos, quizá, por una arrogancia inherente a sus formas, que en este aparador mediático se pueden pagar muy caros. Lanzó el penalti confiado, pegó al balón con el interior de la bota en un intento por limpiar las telarañas de la portería y, de paso, mortificar a Valdés, pero falló. Y es que, después de llenar portadas durante toda la semana, Cristiano no estuvo a la altura del match. Ni él, ni su equipo. Tampoco brilló Messi, que tuvo que abandonar el campo durante la segunda mitad por sobrecarga en los isquiotibiales. Sí que lo hizo en cambio un resucitado Deco, que por momentos dejó destellos de aquel cerebro que condujo al Barça a su segunda Champions. Porque ayer el Barcelona fue amo y señor del partido, experimentando una transformación respecto al derby contra el Español que los culers deberían aplaudir o, en su defecto, cuestionar (“La Champions nos motiva más”, dijo Xavi después del partido). Y en medio de todo esto resalta un hombre que nunca habla ni se queja, pero que cumple excelsamente pese a jugar infiltrado. Touré Yaya neutralizó toda ofensiva red, presionó, jugó el balón con criterio y hasta se atrevió a quebrar al curtidísimo Ferdinand. Detrás del marfileño, unos zagueros de hierro, Milito y Márquez, cortaron las alas a Tévez y Scholes poniendo de relieve las carencias de un Manchester a priori diseñado para fusilar al rival, pero a la práctica tierno y conservador.
La segunda parte fue más de lo mismo. Un Barça con más del 65% de la posesión del balón, pero sin profundidad en las últimas líneas, intentaba inútilmente descongestionar la trinchera inglesa. Caracoleaba Xavi, Iniesta ejercía de vigía, pero Eto’o se movía en el área cual juvenil que se viste de corto por primera vez. No está bien el camerunés; se empeña en recibir el balón de espaldas y, aunque le pone coraje y lucha, le falta chispa en los últimos metros. Para hablar con soltura fuera del campo, primero hay que hacerlo dentro. Se acercaba tímidamente el Manchester, buscando a Ronaldo como único hombre en punta, solapado por un “apache” que ayer hizo el trabajo sucio, recorriéndose el campo de arriba a bajo e imprimiendo una presión digna de admirar. Salieron Bojan y Henry. El primero, inteligente como siempre pero precavido dada la magnitud del partido. El segundo, más activo en veinte minutos que en la mayoría de partidos enteros que disputa, puso en apuros a Van der Sar con un buen disparo desde fuera del área y con un lanzamiento de falta. Buena ejecución, mejor parada del holandés, cuyas extremidades en ocasiones parecen de goma.
Al final, 0-0. Dominio sin gol para los locales. Por suerte, un control arrollador, pero así no se gana una eliminatoria. Sequía blaugrana salpicada por gotas de esperanza, podríamos decir. El teatro de los sueños aguarda una vuelta de semifinal excitante. Un libro abierto. Sin embargo, el Manchester no pierde un partido en casa en competición europea des del 2005. Este martes habrá partido, y de los grandes.
Noticia de un secuestro
Uno. Johan Cryuff contó que en 1977 trataron de secuestrarle. Lo contó en 2008, un poco para dar vida a las hemerotecas y para aspirar esas voces que ahora suspiran: Ronaldinho ha ganado más que Cruyff y los dos han estado el mismo tiempo aquí. Entonces, desaparece el titular y nos llega a todos, por arte de magia la noticia de un secuestro. ¿Qué secuestro, exactamente, ha ocurido entonces?
Dos. Los jugadores del Sevilla están ante la amenaza de un secuestro constante informaron las fuentes de diversos diarios, con la inexactitud tal que secuestros y hurtos se mezclaron en los hechos atropelladamente. No se dio mas detalle en la prensa. Fuera quien fuera (un bético remilgado, una banda de botarates delincuentes sin equipo) el caso es que, con rapidez, salió Johan Cruyff pronto a recordar lo que le pasó en el 78 en Sevilla. Alguien secuestró un berberecho de su exquisito aperitivo. Alguien, no cabe duda, sin escrúpulos.
Tres. Quini en 1981 fue el jugador del F.C. Barcelona que después de todo pudo regresar para contarlo También Johan Cruyff quiso contar como le habían secuestrado pero se dio cuenta de que ya lo había hecho. Exactamante para que no se hablara de la trayectoria de Johan Cruyff, sino del secuestro. No sé cual será el rescate pero la verdad ha sido encontrada muerta ya, así que ya determinaremos si vale la pena pagar algo. Puede que como negociador se ofrezca, una vez más y otra confesión menos, Johan Cruyff.
De todos los juegos
Cortázar era todo juego. Por eso su obra falla siempre cuando la rigidez del comunismo le atrapa. Y triunfa cuando el juego lo es todo. Y todo pueden ser muchas cosas, ya sea una Casa Tomada o una Rayuela, el mejor de sus juegos, el más dificil, y más susceptible de reaccionar. Juanma Trueba declara ser discípulo de Cortázar y a mi me gustan los lectores y los consumidores culturales. Trueba es un jugador, que trata siempre de la sencillez que ocultan esos grandes secretos, en realidad mitos de abuelos para dar luz a un gris transcurrir de treinta años, que nunca tuvo el fútbl. Más allá del juego mismo, claro.
Porque los ignorantes cansan. Además están en plural y tienden a la repetición. Una rebelión aburrida, plúmbea, que atesorada en un estadio también estropea los juegos. Se ponen nombres tribales, se hacen los héroes, se pintan de guerra y al final toda su condición se reduce al escombro. A un escombro de causas desdibujadas, eso si.
Emilio Pérez de Rozas
Ingenuo, pensé que transmitir alguna emoción en las letras podía ser cosa de poesía, pero claro, entonces no había leído a Emilio Pérez de Rozas, feliz encadenador de prosaicas frases que en otro lugar se llamarían escupitajos y escribidor panfletario en momento triste, porque ni la profesión le reconocerán. La ira no suele ser poética, me respondo. No es un problema tan grave su grosería, que eso al fin y al cabo es convención. Es, por lo tanto, su amor al adjetivo, su adhesión frecuente al chiste lleno de furia y su grito populista y ensordecedor, indigno de las letras de las que se declara, al menos, escribiente. Y no es que yo conceda honores y orgullos, es que en la escritura se los concede el mismo autor con lo escrito, y busquen en Pérez de Rozas frases que no destilen furia o celebración.
Los sentimientos maniqueos son, a día de hoy, lo principal en cualquier opinión más o menos mediática. Entonces podría darme yo por atemorizado porque la sociedad no se ha abierto ninguna ucronía dickiana pero se lee en clave Pérez de Rozas. En clave acumulativa, de adjetivos a cada cual más expresivo e impactante como hacen los enfadados o en clave tal vez griega (ahí está su hermano de opniones contrarias y formidable optimismo). Entonces llegará seguramente Pérez de Rozas, sin ni siquiera maquiavélica inteligencia o arma sociológica, para descodificar el pensamiento mayoriario, y hablará del dinero de los demás sin preguntarse acerca del sistema, y hará del activismo una línea de ética permisible en la derrota. Y es lo que le faltaba, precisamente, a los poetas mismos: que viniera alguien a decirles que la derrota y la ganancia son incompatibles. Acabáramos.
Un blanco fácil
Este sábado el F.C Barcelona perdió de una forma escandalosa ante un Deportivo que en la segunda mitad pasó por encima de los blaugrana como una apisonadora. Ese día, ya fuera por proteccionismo o por sanción, no estaban jugadores como Messi, Eto’o o Iniesta en el campo de Riazor. Sí que lo estaban, aunque después de ver el partido me asoma una tremenda duda al respecto, el aún “mediático” Henry, Márquez, que venía de jugar un partidazo en la Champions, y el momificado Thuram. El suspenso sería demasiado alto para valorar la actuación de estos tres jugadores en el citado partido, pero el match tuvo en su haber a un cabeza de turco demasiado suculento para los medios de comunicación. El portero gaditano, Pinto.
Con la pomposidad que la caracteriza, la prensa de Barcelona proyectó la desdicha de la clamorosa derrota en la figura de un meta que tuvo que enfrentarse a tres handicaps de muy alto nivel. El primero, el hecho de debutar con un grande y vestir la camiseta del Barça, que siempre comporta una presión añadida; en segundo lugar, hacerlo en Riazor, un campo extremadamente hostil para un jugador provinente, nada más ni nada menos, que del Celta de Vigo, y finalmente el tener que estar bajo los palos cuando tienes como escolta a un Barça reciclado que se encuentra en horas muy pero que muy bajas. Su actuación fue mejorable? rotundamente, sí. Sin embargo, he visto a Valdés cometer errores mucho más graves que los que hizo el cancerbero andaluz en su debut y salir airoso en los medios de comunicación, con el clásico “no pudo hacer nada ante el gol”. Sin ir más lejos, Jonquera ha protagonizado shows dignos de Busquets, como los 4 goles encajados frente al Zaragoza en la Copa del Rey en el 2006, y nunca se le han dedicado artículos por su mala actuación (es más, se le renueva por su rendimiento).
Pero ahora que las cosas van mal en can Barça, lo más sencillo es mirar hacia el partido de mañana y, si hay la oportunidad, culpar a jugadores como Pinto (el más indefenso). Lamentable.
20 años no son nada
Alex Ferguson fue un feliz y discreto goleador en la liga escocesa primero, después héroe local y finalmente un récord global. ¿Cual es el secret del éxito de Ferguson? ¿Su alergia a retiro? O quizás la calma de sus jefes ante la calamidad misma (la de sus tres temporadas iniciales en el Manchester, sin títulos), que le permitieron ir construyendo un equipo con paciencia y hoy en día se considera, como muchas cosas en hipocresía disfrazada de idealismo de esquina y sartén, todo un ejemplo, pero a admirar bien lejos, que eso de imitar no es bien para el club.
Fue en la fiesta de cumpleaños de Sir Alex Ferguson (que lista la Inglaterra que nombra caballeros a quienes ganan ligas y levantan hombretones con coeficiente de baberos) que apareció en tono amistoso y delator Arséne Wenger. El Otro. El único que ha consegudo imponerse a un modelaje de fútbol exprés y rápidos fichajes en el que hay nuevos descubrimientos día tras dia, construyendo un equipo a partir de Henry y Vieira, y deshecha la estrella que ha ido por sus fueros (los del sueldazo, la imagen y la higiene, la del afeitado es una gran metáfora) y marchado el aguerrido sostiene equipos al retiro triste que es el Inter, va y sorprende con un equipo carente de estrellas (es decir, tiernas historias de niños brasileños que hacen birguerías y demuestran una técnica que luego desaprovecharán, con el paso del tiempo y el peso del dinero) capaz de hacer que toda su plantilla pueda ser fichable, y teniendo a toda Europa suspirando.
Pero es el simpático Ferguson y Wénger el caballero de gestas a perder. El Arsenal ha sido quien ha caído abatido ante el aluvión táctico de Benítez y antes cayó con el terremoto azulgrana (en su peor partido de champions, como suelen ser las finales). Pero Ferguson se mantiene recto, dispuesto a continuar y a aplazar, una vez más su retiro. Para jolgorio de todos, y disimulando su abierta afición por la escuela portuguesa que tan buenos resultados le está dando (Cristiano Ronaldo, estrella construida pigmaloniescamenete por su entrenador, como ya hizo Wénger con Thierry Henry y ahora Nani, y más), con la veteranía de gente como Scholes o Giggs, dando muestras de que es capaz de reunir viejas y nuevas glorias para crear un equipo potente, casi legendario. Como él. Uno expresa el casi por el directo de lo acontecido. Seguramente el paso del tiempo pintará a Ferguson, ya casi un retrato de si mismo, como el mejor. Pero para eso todavía faltan muchas hogueras, desastres y despedidas.
Mientras John Carlin encarga obligaciones a la liga española, la de fichar al señorito Ronaldo, para que luego muchos añoren la extranjería, en su texto no se da cuenta de la última de las pasiones de Ferguson. Los jugadores portugeses. Y en esto me doy cuenta de la dificultad de descubrir otra estrella que no sea la que ahora brilla, y en que Fergusón, por un lado, y Wénger por el otro, mejores astrólogos que tácticos, que para eso ya tienen a Rafael Benítez, español demasiado belicoso para terminar en su tierra y ahí esta su club anterior, el Valencia un paso obligatorio para los desterrados, sean simpáticos o no. Pero es temible la amenaza de Carlin porque el humor no le disfraza la ausencia de escepticismo y es que su profecía asegura que la liga española terminaría como la escocesa. Y la tierra que vio marchar a Sir Ferguson debería mantenerse al menos tan alta y lejana como es proceder. Pero salió entonces a escena el inglés que vive en un reinado y ya se sabe que éste sin sus súbditos poca cosa puede ser más.
Entonces el sábado fue un Chelsea más luchador que elegante el que tumbó al equipo de Feguson. No hubo entonces en la prensa excesivos enfados con el entrenador más bien con sus jugadores. Y uno se pregunta si es que Ferguson salió sin titular más que nada por aquello de la derrota al tiempo, nunca fue tal pero no hay mejor engaño, o porque gustan los diarios ingleses de hasta siendo groseros y penales mantenerse higiénicamente empíricos. Ya fuera por eso entonces que a Ferguson no lo venció ni la derrota misma, que pareciera que lo tenia fácil en ese combate pero es engañoso, porque la estadística es siempre sincera.
Confusión y frustración en los tiempos modernos
Un día Bob Dylan cantó que Tiene que haber algún camino fuera de aquí. El derrotado se marcha siempre desolado, ya sea por calidad, ya sea por un sensación inequívoca de final. Llegan, por lo tanto, tiempos mediocres en un país que está a la altura de las circunstancias. La prensa se erigirá a tiempo parcial, entre Emilio Pérez de Rozas y el Comando Mundo Deportivo, a reescribir prontamente la historia, que a falta de ganadores está predispuesta a reconvertirse en carroña. Pero ya se sabe que el fútbol es cosa de pasiones necias, y a ellas mismas las mueven sacerdotes timoratos y predicadores a tiempo parcial. Toca repartirse pues los años de victoria y de derrota, pero siempre aislar al análisis que ayudaría a repensar el fútbol. No es este país ciertamente futbolístico sino de gentes de equipos, cosa bien distinta, igual que en este pais la prensa deportiva tiene todos los aromas menos el de la deportividad. Resultó que Fiebre en las Gradas, aquella cosa que escribió Nick Hornby, era una tragedia que asimilar.
Ya sea aquí o allí se apagan las leyendas, se trasladan las desgracias y se engarrotan las fotografías para enfatizar la decepción. Aunque la mayor decepción debería darla el deposito casi imbécil en el azar que hace el humano, cosa explicable sólo a medias según predijo Schrödinberg. No toca en los malos tiempos ponerse gafas oscuras y vestirse de revancha, ya verán como el día siete algo parecido ocurre, sino que es preferible ejercer de analítico, de forense con protección médica que no de rastreador y pataleador de decrépitos cadáveres. El problema de confiar la redacción de la mitología a la realidad es la posibilidad de la humanidad, y de que nuestros narradores resulten pésimos retóricos, además de gente habituada a escribir sin mayor problema “es posible soñar” y “la triste realidad”. Fue Dylan quien aseguró que tenía que haber algún camino fuera de esto, pero también dijo que eso no era más que lo que le dijo el payaso al ladrón.
