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Fuera de juego

Orgía madridista

Ryu Gon

Desde el domingo, el debate en torno al derby Madrid-Barça jugado esta noche en el Bernabeu ha tenido un protagonista claro, el famoso pasillo al ganador de Liga. Tanto morbo se le ha dado al asunto, que pocos se habían parado a analizar lo que este partido podía dar de sí. Ahora, con los 4 goles que han firmado la muerte definitiva de este Barça, el pasillo que ha dado inicio al espectáculo ha quedado tan sólo en una mera anécdota.

 

A priori, e intentando ser racionales en esto del fútbol, que no es tan fácil como pueda parecer, el Barça llegaba a Madrid sabedor de que un triunfo no cambiaría las cosas, pero quizá serviría para controlar, a duras penas, el incendio que quema en la ciudad condal desde que el equipo de Rijkaard ha decidido suicidarse en esta negra temporada. El Madrid, en cambio, venía de festejar una merecidísima Liga, se diga lo que se diga, y pocos podían pensar que la resaca post Cibeles sería capaz de gestar una humillación como la que se ha vertido hoy sobre los culés. Y, obviamente, cuando hablo de bochorno me refiero al padecido por los aficionados, aquellos que entienden de verdad lo que significa disputar un partido en el coliseo blanco, aunque la Liga esté ya decidida.

 

Lejos de esta aproximación, el partido ha sido un completo baño de masas para el Madrid, que ha dominado desde el principio hasta el final del encuentro de una forma aplastante. Schuster ha apostado por la línea de la muerte-Diarra, Gago i Sneijder- y la jugada le ha salido perfecta, sacándole los colores a un Barça moribundo que, sin alma alguna, se ha arrastrado por el césped y ni siquiera ha intentado tapar las vergüenzas. Porque el Barça de hoy ha sido un equipo vilipendioso, más que en cualquier otro partido de la temporada, y ha elegido el peor escenario para serlo.

 

El Madrid ha desplegado su fuerza a través de Robben y Guti, y la ha consagrado en las botas del Raúl que no irá a la Eurocopa, pero el que más se lo merece y que, sí, hoy le ha vuelto a marcar al Barça. Todo ha sucedido en un abrir y cerrar de ojos, y a los 22 minutos los blancos ya habían anotado dos goles, el segundo a centro de falta inventada por Pérez Burrull, cuyo arbitraje hoy merece un capítulo a parte, y cabeceado por un Robben en estado de gracia. En estos primeros compases, se han visto las carencias del meta Valdés, que ha dado un recital alarmante de pifias con el balón en los pies (destacable filigrana ante Raúl, que un poco más y termina en otro gol), pero más se ha presenciado todavía la negativa del conjunto catalán a jugar al fútbol. Y es que la horrorosa primera parte de Valdés ha sido directamente proporcional a la nefasta actuación de la defensa azulgrana, sólo empujada por un decadente pero valeroso Puyol, que ha dejado al de l’Hospitalet como Gary Cooper en Sólo ante el peligro.

 

Tampoco daba señales de vida la delantera, que esta noche ha contado con Bojan tras la evaporación de Eto’o el domingo pasado en el Nou Camp. Los pequeños destellos de Barça solamente han hecho acto de presencia cuando “Guddy” ha abandonado el terreno de juego por Giovanni, ya que se ha ganado en velocidad a la hora de distribuir el balón y el Barça ha salido de la cueva en busca de un gol que pudiera cambiar las cosas.

 

Esta pequeña mota ofensiva, proyectada el 99% de las ocasiones en los pies de Messi (el único jugador del Barça al que realmente se ha visto) ha durado muy poco y el Madrid ha vuelto a coger las riendas del partido con suma facilidad. Tanto que en la segunda mitad el dominio ha sido castrador y ha terminado con unos 4 goles del Madrid que, pese a contar con otra ayudita de Burrull, esta vez en forma de penalti, han sido totalmente merecidos porque realmente los de Schuster podrían haber ampliado la distancia en el marcador si hubieran estado más certeros en sus acciones.

 

En general, pero, cualquiera que haya disfrutado o aborrecido este partido habrá sido lo suficientemente ávido para ver que lo de hoy no ha sido pura casualidad. Responde a una gestión, un trabajo y un compromiso que en ambos clubs dista mucho de ser parejo. Si todavía quedaba algún rastro de aquel Barça que maravilló a medio mundo hace tan sólo dos años, esta noche el Madrid lo ha engullido para siempre. De eso no hay ninguna duda.

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1 comentario

Alvy Singer -

Lo peor de todo es la prepotencia de los medios catalanes culés que creen que este equipo "lo tenía todo para ganar la liga". Un equipo que termina tercero y a 17 puntos sigue siendo el mejor.

Y lo peor de ayer no fue el arbitraje, escandaloso, sino el baño del Madrid. Los que sacaban de atrás, cambiaban todo el rato de banda y tocaban hasta morir fueron ellos. ¿El Barça) Un triste espejismo basado en messiadas y que sin Iniesta carece de organización.
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