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Fuera de juego

Crónicas

Brillantes

Alvy Singer.

Brillante ha sido Florentino Pérez en su estrategia de presentarse y pedir perdón como el Diario Sport de poner a un periodista inteligente y muy talentoso, el mejor columnista que hay en el pasquín azulgrana, al servicio de la crónica del laureado retorno del primero. El periodismo deportivo es ya imposible porque son pasquines y porque se basa en el ventajismo, no en los hechos. Incluso una persona de gran calado intelectual y admirable como Martí Perarnau quiere ser tan brillante como Florentino Pérez y usa el recurso inequívoco del periodismo:

"Al tercer año, el Mesías blanco ha resucitado y nadie en la capital quiere recordar que Florentino, al fin y al cabo, ganó menos Champions que Lorenzo Sanz y sólo las mismas ligas que Calderón en el triple de tiempo."

Con esa frase final sublima la argumentación y queda la sensación de verdad impasible: la gestión económica de Sanz, mano derecha de Mendoza, no es mencionada y sus continuas destituciones. Los títulos fueron después de treinta años, pero los fichajes no reanimaron nada porque no había una situación rentable. Esto se lo salta el cronista que para algo compite con la brillantez de Pérez y la prensa deportiva se ocupa siempre del relativismo (moral, nunca factual; siempre amoral) de los hechos. Aunque me resulta curioso que el cronista Perarnau escriba que el Real Madrid ganó la liga 2006-2007: la prensa se había ocupado de decir que, ah la jerarquía y la prepotencia, fue el F.C. Barcelona quien la perdió. Estemos atentos: que la gloria barcelonista se haya perdido una de las mejores escenas del periodismo reciente (Guardiola alejándose de la victoria, buscando la profesionalidad) no empañe la propaganda de triunfos que se avecina también en el Real Madrid a largo plazo. Y pronto llegará el deslegitimar, el sólo sabes fichar estrellas. Curioso, lo que hizo el primer mandato de Laporta. Pero ah, eso es agua pasada. Con el mismo  presidente, por supuesto.

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La Crónica: Rusia 0 - España 3

La Crónica: Rusia 0 - España 3

 

Ryu Gon

Supongo que sería de recibo empezar esta crónica con una clásica contextualización marcada por los 24 años de España sin jugar una final de Eurocopa, pero no lo voy a hacer. No lo haré porque todavía sigo embriagado, ebrio, me atrevería a decir, de buen fútbol. Llegar a una semifinal como esta y ver que sobre el campo se proyecta una diferencia total entre los dos equipos no pasa todos los días. De hecho, lo que no sucede o no había sucedido en muchos años de historia futbolera era ver a la selección española como principal gestora de la poesía balompédica de un torneo. Sí, no es un sueño, parece que el jolgorio levantado por el “podemos” se ha materializado en las botas de estos 11 gladiadores, sin olvidar a los reservas de lujo, que nos están acompañando por este paseo por las nubes, sin Keanu Reeves, por suerte, hasta el preciado Sol que se esconde tras la final del domingo.

 

Rusia venía de golear a la todopoderosa Holanda, con un Arshavin y un Pablyuchenko en estado de gracia y como únicas referencias en ataque. El 4-4-2 de Hiddink, esta vez con el interior Zyrianov en su haber, perseguía borrar del mapa el ya clásico 4-1-3-2 de Aragonés tal y como hizo con la “naranja mecánica”, pero poco podía imaginar este buen holandés, y mejor entrenador, que delante se encontraría con otro espectáculo de la Roja, hoy, por cierto, luciendo un bello y augurador dorado.

 

Desde que la pelota se ha puesto en circulación, el partido ha dictado sentencia. España salía con hambre, con ganas de golear de nuevo a esta reveladora Rusia para llegar a la final y dar muerte a los invulnerables alemanes. Como siempre, Xavi ha sido el director de orquestra, aunque en la primera mitad ha faltado más presencia de Iniesta para conectar con Silva y algo más de recorrido para Capdevila, que no ha arriesgado demasiado pese a tener espacio. Sí que ha sido, en cambio, la parte de Ramos. Gran partido del madridista, portentoso en cada una de sus acciones por la banda y solvente en la neutralización de Arshavin, al cual ha borrado del partido después de unos intentos del jugador del Zenit por buscar a Pablyuchenko en el área. Entretanto, Torres se movía por el área rusa con mucha inteligencia, abriendo espacios y cazando balones gentilmente para inventar jugadas de ensueño que no han terminado en gol En general, pues, España ha dominado el juego, pero con alguna que otra contra poco intimidatoria de los rusos por medio de Shemchov, encargado de sacar rápido el balón.

 

El drama lo ha puesto Villa, que en un disparo de falta ha sufrido una pequeña lesión que le ha obligado a abandonar el césped y dar entrada a Cesc. Han sido momentos de cierta tensión y nervios por los aficionados, con el 0-0 todavía candente y paradas in extremis de Casillas, y de impotencia y rabia de Villa, que desgraciadamente tiene muchos números de perderse la final del domingo. Sin embargo, nadie imaginaba que la entrada del areñenco jugador del arsenal alejaría los fantasmas en cuestión de minutos. Porque su presencia, junto a unos Xavi e Iniesta pletóricos, ha sido determinante para consumar la fastuosa victoria acontecida en los siguientes 45 minutos.

 

El control de la primera mitad ha mutado en una primorosa tiranía en la segunda, que ha dejado a los rusos sin ninguna opción. Senna ha vuelto a demostrar porque es una pieza fundamental de Pellegrini en el Villarreal y Capdevila, ahora sí, ha dado la razón de nuevo al “Zapatones”, justificando su más que digno papel en este equipo. El primer gol surgiría, de nuevo, de una genialidad de los codiciados y talentosos medios del Barça, Iniesta y Xavi, que ha terminado con un caño del de Terrassa a Akinfeev.

 

El segundo, a cargo de Güiza, ha nacido de un suave toque que ha elevado el esférico ahí donde el portero nunca logra atraparlo cuando se adelanta. Había salido por Torres, de la misma forma que Xabi Alonso lo había hecho por el otro Xavi. Cerca del final, Silva ha completado el festival con un tercer gol que, visto lo visto, ha hecho más que justicia al encuentro. Y es que los rusos han desaparecido literalmente del campo, sólo tocaba y tocaba España en una suerte de tiralíneas mágico y perfecto.

 

España está en la final por auténticos méritos propios, con un juego que está maravillando a toda Europa. Alemania siempre es Alemania, de acuerdo, pero no sé hasta que punto la dicha de Gary Lineker podrá contrarrestar este torrente de fútbol y goles que encarna el equipo de Luis Aragonés. El domingo, finalaza.

La Crónica: España - Italia

La Crónica: España - Italia

Ryu Gon

Algunos habían calificado el partido de hoy de cita con la historia. Sin duda, el Ernst Happel de Viena estaba destinado a acoger uno de los partidos de esta Euro 2008, una final anticipada precedida por los augurios de una Italia diezmada, sin Pirlo ni Gattusso, pero consciente de poseer la suerte de la campeona. Como en aquellos famosos cuartos de final disputados entre ambas selecciones en el Mundial 94 en E.U.A, donde la azzurra ganó por  dos goles a uno, dejando la triste imagen de un Luis Enrique que abandonó el campo con la nariz rota a codazo de Tassotti y llorando de impotencia. Esta noche, en cambio, hemos presenciado como Villa, ese heredero natural del asturiano, se abrazaba a sus compañeros radiante de felicidad después de superar la tanda de penaltis, sabedor de que España estará en las semis ante Rusia.

 

 El partido se antojaba muy complicado para los de Aragonés, que tenían la laboriosa misión de romper la defensa numantina de los italianos, forjada en un 4-3-3 movilizado por un De Rossi destinado a suplir al mejor de los italianos, al milanista Pirlo. El inicio del partido ha marcado un dibujo claro de lo que sería todo el partido en líneas generales. España, desempeñando su renovado juego de matices azulgranas, ha dominado la situación, controlando el balón, manteniendo la calma y buscando cambiar el resultado a través de las botas de esos rojos genios encargados de materializar las jugadas en gol. Ni tan siquiera  los altibajos de Ramos en la primera parte han permitido que el mejor Cassano y el transformado Grosso pudieran con unos Puyol y Marchena hoy dignos de mención. En el medio, dirigía Xavi, Iniesta aparecía fugazmente para aportar sus trucos y Silva brincaba con  el balón en los pies para afianzar aún más, si es que todavía se puede, su espontánea química con Villa. Porque la dupla del Valencia ha vuelto a demostrar hoy que es la cabeza de esta selección sin contar, claro está, con la bendecida presencia de un Torres ya talludito.

 

Los dos equipos se han ido al descanso con un 0-0 que, a mitad del partido, ya avivaba un soñado pase en los penaltis para los italianos. Prueba de ello es que, salvo algún que otro testarazo de Luca Toni y alguna internada de Di Natale por la banda (ha salido por Cassano como segunda punta), Italia ha estado muerta, retrasando las líneas para tapar todo lo que llegaba. Pero esta España es demasiado equipo. No ha marcado, la mala fortuna y el mejor portero del mundo, con el permiso de Casillas, lo han impedido, pero el despliegue de todo el equipo ha sido maravilloso. Personalmente, me gustaría destacar un disparo de unos 35 metros de Senna, cañonero oficial de la roja, que ha reventado el balón, el cual ha volado por el terreno de juego hasta los inquebrantables guantes de Buffon para escaparse a posteriori y pegar llorando contra el poste. Una secuencia  mágica que bien podría haber  sido protagonizada por Oliver Atton, en su afán por batir al poderoso arquero del Meiwa, Ed Warner.

 

Cerca del final, Luis ha dado salida a Cazorla y Fábregas por Iniesta y Xavi, como ya hiciera en el partido contra Suecia, hoy quizá con menos efectismo. El deseo de los italianos se ha cumplido, y una fatigosa prórroga ha fenecido en los siempre impredecibles penaltis, con la ilusión azulona proyectada en la figura del meta Buffon. Lo que no ha considerado Italia es que delante se encontraba el otro gran portero de la élite mundial. San Iker le llaman los aficionados del Madrid, razón no les falta. Sus reflejos y su salto de lince le han valido para desbaratar los planes de Donadoni con dos paradas a penaltis de De Rossi y Di Natale.

 

Así pues, los cuartos han llegado a su fin con un partido vibrante y no exento de emoción en el que, por primera vez en mucho tiempo, y hablando en términos de duelo entre ambas selecciones, ha triunfado el fútbol. Ahora espera la Rusia de Hiddink, un rival temible que no se lo pondrá nada fácil a España. Hay juego, hay Eurocopa.

Orgía madridista

Ryu Gon

Desde el domingo, el debate en torno al derby Madrid-Barça jugado esta noche en el Bernabeu ha tenido un protagonista claro, el famoso pasillo al ganador de Liga. Tanto morbo se le ha dado al asunto, que pocos se habían parado a analizar lo que este partido podía dar de sí. Ahora, con los 4 goles que han firmado la muerte definitiva de este Barça, el pasillo que ha dado inicio al espectáculo ha quedado tan sólo en una mera anécdota.

 

A priori, e intentando ser racionales en esto del fútbol, que no es tan fácil como pueda parecer, el Barça llegaba a Madrid sabedor de que un triunfo no cambiaría las cosas, pero quizá serviría para controlar, a duras penas, el incendio que quema en la ciudad condal desde que el equipo de Rijkaard ha decidido suicidarse en esta negra temporada. El Madrid, en cambio, venía de festejar una merecidísima Liga, se diga lo que se diga, y pocos podían pensar que la resaca post Cibeles sería capaz de gestar una humillación como la que se ha vertido hoy sobre los culés. Y, obviamente, cuando hablo de bochorno me refiero al padecido por los aficionados, aquellos que entienden de verdad lo que significa disputar un partido en el coliseo blanco, aunque la Liga esté ya decidida.

 

Lejos de esta aproximación, el partido ha sido un completo baño de masas para el Madrid, que ha dominado desde el principio hasta el final del encuentro de una forma aplastante. Schuster ha apostado por la línea de la muerte-Diarra, Gago i Sneijder- y la jugada le ha salido perfecta, sacándole los colores a un Barça moribundo que, sin alma alguna, se ha arrastrado por el césped y ni siquiera ha intentado tapar las vergüenzas. Porque el Barça de hoy ha sido un equipo vilipendioso, más que en cualquier otro partido de la temporada, y ha elegido el peor escenario para serlo.

 

El Madrid ha desplegado su fuerza a través de Robben y Guti, y la ha consagrado en las botas del Raúl que no irá a la Eurocopa, pero el que más se lo merece y que, sí, hoy le ha vuelto a marcar al Barça. Todo ha sucedido en un abrir y cerrar de ojos, y a los 22 minutos los blancos ya habían anotado dos goles, el segundo a centro de falta inventada por Pérez Burrull, cuyo arbitraje hoy merece un capítulo a parte, y cabeceado por un Robben en estado de gracia. En estos primeros compases, se han visto las carencias del meta Valdés, que ha dado un recital alarmante de pifias con el balón en los pies (destacable filigrana ante Raúl, que un poco más y termina en otro gol), pero más se ha presenciado todavía la negativa del conjunto catalán a jugar al fútbol. Y es que la horrorosa primera parte de Valdés ha sido directamente proporcional a la nefasta actuación de la defensa azulgrana, sólo empujada por un decadente pero valeroso Puyol, que ha dejado al de l’Hospitalet como Gary Cooper en Sólo ante el peligro.

 

Tampoco daba señales de vida la delantera, que esta noche ha contado con Bojan tras la evaporación de Eto’o el domingo pasado en el Nou Camp. Los pequeños destellos de Barça solamente han hecho acto de presencia cuando “Guddy” ha abandonado el terreno de juego por Giovanni, ya que se ha ganado en velocidad a la hora de distribuir el balón y el Barça ha salido de la cueva en busca de un gol que pudiera cambiar las cosas.

 

Esta pequeña mota ofensiva, proyectada el 99% de las ocasiones en los pies de Messi (el único jugador del Barça al que realmente se ha visto) ha durado muy poco y el Madrid ha vuelto a coger las riendas del partido con suma facilidad. Tanto que en la segunda mitad el dominio ha sido castrador y ha terminado con unos 4 goles del Madrid que, pese a contar con otra ayudita de Burrull, esta vez en forma de penalti, han sido totalmente merecidos porque realmente los de Schuster podrían haber ampliado la distancia en el marcador si hubieran estado más certeros en sus acciones.

 

En general, pero, cualquiera que haya disfrutado o aborrecido este partido habrá sido lo suficientemente ávido para ver que lo de hoy no ha sido pura casualidad. Responde a una gestión, un trabajo y un compromiso que en ambos clubs dista mucho de ser parejo. Si todavía quedaba algún rastro de aquel Barça que maravilló a medio mundo hace tan sólo dos años, esta noche el Madrid lo ha engullido para siempre. De eso no hay ninguna duda.

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Dos en una

Ryu Gon

Manchester United - F.C Barcelona: El Barça quiso jugárselo todo a una carta esta temporada. El mismo Laporta, entrevistado ayer antes del partido, estaba convencidísimo de que su equipo lograría batir a los de Ferguson y lograr así el hito en Moscú, consiguiendo la tercera Copa de Europa para las vitrinas del club. Por eso no es de extrañar que, cuando finalizó el partido, él y diversos directivos que se desplazaron hasta Old Trafford para presenciar la vuelta de esta semifinal se quedaran tullidos en su reconfortante asiento sin saber a donde ir ni a donde mirar. Reflexión, sentimiento de culpa o tal vez un optimismo inusitado derrengado por un gol del veterano medio del United, Paul Scholes.

En términos generales, se podría comentar que el Barça no jugó un mal partido. Es más, hasta el minuto 14 de la primera mitad transmitió una seguridad y un carácter que, de haberse prolongado todo el encuentro, posiblemente le habrían llevado a la final. No obstante, ahí estaban los diablos rojos, enfundados en sus pertinentes camisetas red de puro orgullo local, para cambiar la dinámica ya vista en el Camp Nou y testeada en el teatro de los sueños. Porque el afán de tocar tanto el balón, comúnmente conduce a la defensa azulgrana a cometer errores que, como en el caso de ayer, terminan costando una eliminatoria. Imprecisión de Zambrotta en un rehúso, aparece el veterano pelirrojo del Manchester, ve un espacio entre líneas y conecta un obús que se cuela por toda la escuadra izquierda de la portería de Valdés. Fin del partido. Un fatídico punto y aparte que derrumbó el espíritu europeo del equipo culé y que bastó a los ingleses para colarse en la final.

Por el camino queda un match escrito por las mismas letras que definen al Barça de esta temporada. Dominio sin gol. Nula verticalidad, a excepción de Messi, y un ritmo de juego carente de chispa, dócil. El Manchester decepcionó, sí. Pero hay un elemento que diferencia a los grandes de los buenos equipos, y no es otro que el gol. Ya se venía apuntando durante toda la semana que los blaugrana, vistos los números de esta segunda vuelta de la temporada, lo tendrían difícil para introducir el balón en la portería de Van der Sar. No sonó la flauta, y el cronómetro se fundió lentamente para despedir a los de Rijkaard de Europa. El Manchester, aunque no pueda parecerlo, se adaptó francamente bien al rival y dispuso de diversas ocasiones a pies de Nani, Ronaldo o Tévez que sí conllevaron una amenaza real para la portería de Valdés.

En definitiva, pues, otra temporada para olvidar del Barça. Es hora de pedir cuentas. De exigirlas, si me apuran.

 

Chelsea- Liverpool: Clasificado el ManU para la final, el segundo aliciente de esta semana de elite Europea se encontraba en Stamford Bridge, lugar donde el Chelsea ha conseguido esta noche su particular pasaporte a Moscú. En una palabra: partidazo. Un verdadero encuentro de Champions que, en el conjunto global de la eliminatoria, deja en evidencia futbolística a los protagonistas de la otra semi, el Barça y el Manchester. Porque hoy se ha vivido un auténtico festival en el campo blue, pura poesía balompédica que se ha gestado desde el primer minuto sobre el terreno de juego. Con un nombre propio que sobresale por encima de los demás, Didier Drogba. El marfileño ha sellado una actuación impecable, con dos golazos que bien pueden valer una Champions.

Ironías de la vida. El Chelsea menos mediático, más olvidado en su era postMourinho jugará lo que siempre había anhelado el entrenador portugués. Y méritos no le sobran a este Chelsea, que también puede hacerse con la Premiere tras vencer el sábado pasado al intocable Manchester. De todas maneras, el Liverpool de Benítez no se ha arrugado en absoluto y ha enseñado los dientes en este fabuloso choque de trenes ingleses. Y es que viendo el partido, uno llega a la conclusión que los dos conjuntos merecían estar en la final. Ha habido goles, jugadas trenzadas de gran belleza (esa estratosférica internada del israelí Benayoun que ha mutado en una mágica asistencia para un Torres goleador, de nuevo) e intensidad, mucha intensidad. En estos casos, es cuando duele comentar que sólo puede quedar uno. Un espléndido gol de Drogba por el palo corto a Reina en el minuto 32 y el disparo (a más de 20 metros de distancia) de Babel ya en tiempo de prórroga así lo certifican. No ha faltado la emoción, que se ha plasmado por medio de un penalti casi místico ejecutado por un Lampard deseoso de dedicar el tanto a su madre recientemente fallecida.

Al final, premio para el Chelsea. Los Terry, Ballack y compañía se las verán con C.Ronaldo, Rooney y Tévez el 21 de mayo en la capital Rusa. Visto lo visto, Ferguson tendrá que trabajar para ganarle la partida a los de Avram Grant, que tienen una oportunidad de oro para hacer historia.

La Crónica: F.C Barcelona- Manchester United

La Crónica: F.C Barcelona- Manchester United

Ryu_gon

Libros, pétalos y rosas precedieron a un partido llamado a crear un antes y un después en la situación actual del F.C Barcelona. Un match al que el Barça llegaba más diezmado que nunca, con unas estadísticas en la segunda vuelta de la liga propias de un candidato a descender de categoría. Por el contrario, el Manchester de sir Alex Ferguson venía con la etiqueta, ya no de favorito a pasar la eliminatoria, sino de candidato a levantar la “orejona”. No obstante, las expectativas de una posible humillación sobre los blaugrana a cargo de los red devils no se llegaron a consumar porque los de Rijkaard, por primera vez en muchos partidos, volvieron a jugar al fútbol. Mención especial merece la afición blaugrana. Fue al campo consciente de la importancia del partido, sin olvidar pero los dardos envenenados de optimismo del presidente Jan, y animó al equipo hasta la muerte.

El partido se inició con un inesperado penalti contra el Barça que, ya en el minuto 3, auguraba una semifinal gris para los locales. Cristiano Ronaldo, esa bestia parda que en Old Trafford ya comparan con el “quinto Beatle”, George Best, fue el encargado de ejecutar la pena máxima. El luso, de la misma manera que suele crecerse en estos partidos, a veces comete pecados de juventud, movidos, quizá, por una arrogancia inherente a sus formas, que en este aparador mediático se pueden pagar muy caros. Lanzó el penalti confiado, pegó al balón con el interior de la bota en un intento por limpiar las telarañas de la portería y, de paso, mortificar a Valdés, pero falló. Y es que, después de llenar portadas durante toda la semana, Cristiano no estuvo a la altura del match. Ni él, ni su equipo. Tampoco brilló Messi, que tuvo que abandonar el campo durante la segunda mitad por sobrecarga en los isquiotibiales. Sí que lo hizo en cambio un resucitado Deco, que por momentos dejó destellos de aquel cerebro que condujo al Barça a su segunda Champions. Porque ayer el Barcelona fue amo y señor del partido, experimentando una transformación respecto al derby contra el Español que los culers deberían aplaudir o, en su defecto, cuestionar (“La Champions nos motiva más”, dijo Xavi después del partido). Y en medio de todo esto resalta un hombre que nunca habla ni se queja, pero que cumple excelsamente pese a jugar infiltrado. Touré Yaya neutralizó toda ofensiva red, presionó, jugó el balón con criterio y hasta se atrevió a quebrar al curtidísimo Ferdinand. Detrás del marfileño, unos zagueros de hierro, Milito y Márquez, cortaron las alas a Tévez y Scholes poniendo de relieve las carencias de un Manchester a priori diseñado para fusilar al rival, pero a la práctica tierno y conservador.

La segunda parte fue más de lo mismo. Un Barça con más del 65% de la posesión del balón, pero sin profundidad en las últimas líneas, intentaba inútilmente descongestionar la trinchera inglesa. Caracoleaba Xavi, Iniesta ejercía de vigía, pero Eto’o se movía en el área cual juvenil que se viste de corto por primera vez. No está bien el camerunés; se empeña en recibir el balón de espaldas y, aunque le pone coraje y lucha, le falta chispa en los últimos metros. Para hablar con soltura fuera del campo, primero hay que hacerlo dentro. Se acercaba tímidamente el Manchester, buscando a Ronaldo como único hombre en punta, solapado por un “apache” que ayer hizo el trabajo sucio, recorriéndose el campo de arriba a bajo e imprimiendo una presión digna de admirar. Salieron Bojan y Henry. El primero, inteligente como siempre pero precavido dada la magnitud del partido. El segundo, más activo en veinte minutos que en la mayoría de partidos enteros que disputa, puso en apuros a Van der Sar con un buen disparo desde fuera del área y con un lanzamiento de falta. Buena ejecución, mejor parada del holandés, cuyas extremidades en ocasiones parecen de goma.

Al final, 0-0. Dominio sin gol para los locales. Por suerte, un control arrollador, pero así no se gana una eliminatoria. Sequía blaugrana salpicada por gotas de esperanza, podríamos decir. El teatro de los sueños aguarda una vuelta de semifinal excitante. Un libro abierto. Sin embargo, el Manchester no pierde un partido en casa en competición europea des del 2005. Este martes habrá partido, y de los grandes.

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