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El futbol como horizonte
Esta semana en el Babelia (suplemento cultural de El País) hay textos interesantes, todos con un único tema y es el de las relaciones culturales que se establecen en el soccer. El de Vicente Verd o el que aquí reproducimos, el de Enrique Vila-Matas:
Fue un momento/
un momento /
en el centro del mundo
Idea Vilariño
En la década de los noventa entablé cierta amistad con futbolistas que leían. Con Pardeza y Pep Guardiola, muy especialmente. Ellos querían que les hablara de literatura, y yo en cambio que me contaran secretos del fútbol. A los dos les martiricé en diferentes noches preguntándoles si existían futbolistas de éxito que en el mismo terreno de juego hubieran sido conscientes, un día, de que acababan de hacer la mejor y última gran jugada de su vida. Se trataba obviamente de una pregunta que, en términos literarios, pocos escritores aceptarían responder. Yo, al menos, no he conocido a nadie que esté dispuesto a reconocer que su mejor libro ya lo ha escrito. Pardeza y Guardiola capearon el temporal con tacto y terminaron siempre eludiendo la respuesta a mi pregunta nocturna y obsesiva.
La respuesta la hallé casualmente, años después, en la historia trágica de Abdón Porte, medio centro del Nacional de Montevideo. Rostro afilado, cabellera lacia, muy alto, tenacidad combativa. Corría el mes de marzo del año de 1918 y en Uruguay se jugaba en aquellos momentos el mejor fútbol del mundo. Abdón Porte tenía 27 años y era el ídolo de los hinchas del Nacional, aunque éstos no sabían que Abdón sabía perfectamente que había hecho ya la última gran jugada de su vida. Había entrado en un ligero declive del que era consciente, y se veía suplente de otro medio centro en la siguiente temporada. Toda la hinchada tricolor (blanco, azul y rojo son los colores del Nacional) amaba a Abdón Porte, y aquel día de marzo el equipo derrotó por 3 a 1 en su estadio del Parque Central al Charley. Tras el partido, Abdón fue a festejar la victoria con sus compañeros. A la una de la madrugada se despidió de todos y dijo que tomaría el tren en la Estación Central. Pero algo sucedió cuando se quedó solo y cambió de idea, regresó al estadio. En medio de la noche, fue hasta el círculo central del campo, donde tenía la costumbre de reinar. Ya no le sustituiría nadie. Allí, en el centro mismo del estadio, se mató de un disparo en el corazón.
A la mañana siguiente, el cancerbero del equipo, que fue el primero en entrar en el estadio, encontró el cuerpo del medio centro. Junto al revólver, un sombrero de paja, con dos cartas. En una se despedía de los seres amados. Y en la otra -para que luego digan que literatura y fútbol están reñidos- unos versos copiados a mano: "Nacional aunque en polvo convertido / y en polvo siempre amante / no olvidaré un instante / lo mucho que he querido / Adiós para siempre".
Corazón tan tricolor. Todavía hoy, en todos los partidos jugados en el Parque Central, se puede ver en la tribuna una bandera con la leyenda Por la sangre de Abdón. "Pavada de alegoría -escribió alguien-. Allí donde estaba, siendo patrón del medio, quería que el tiempo se hiciera eterno". Pavada o no, dos semanas después de aquel suicidio, Horacio Quiroga, cuentista magistral y una de las vidas más trágicas de la literatura, se basó en la historia de Abdón para escribir Juan Polti, half-back, un relato que publicó en la revista Atlántida en mayo de 1918. "Cuando un muchacho llega, por A o B, y sin previo entrenamiento, a gustar de ese fuerte alcohol de varones que es la gloria, pierde la cabeza irremediablemente". De ese alcohol de varones y del mítico suicidio hablaría también, años más tarde, el relato Muerte en la cancha, de Eduardo Galeano.
El 13 de julio de 1930, sin relación alguna entre el suicidio del medio centro y la competición universal que se inauguraba, se jugó en el estadio del Parque Central el primer partido de toda la historia de los mundiales de fútbol. Se enfrentaron Estados Unidos y Bélgica. Así que puede decirse que el primer balón del primer mundial comenzó a rodar desde el lugar exacto donde Abdón cayera muerto, desde aquel círculo central en el que el medio centro decidió jugar su último partido, eternizarse en el centro del mundo, de su mundo.
El culto al fútbol
Otro texto, este maestro de Vicente Verdú del Babelia:
Durante la larga época en que el libro imperó como supremo patrón de la cultura, el fútbol fue absolutamente inculto. Ni siquiera las contadas aportaciones que novelistas o ensayistas hicimos para incorporarlo al acervo cultural sirvieron para gran cosa. Igual que con el fútbol, con el diseño gráfico, con la moda o con los automóviles, vino a ocurrir tres cuartos de lo mismo: en tanto sus asuntos no se registraban como tratados nutriendo las venerables bibliotecas era inconcebible que aspiraran a considerarse cultos.
Todo ello se ha venido abajo cuando el libro ha entrado en decadencia. Frente a la indiscutida supremacía de la cultura escrita ha emergido la poderosa cultura audiovisual y el actual patrón de valor lo constituye el espectáculo. No en exclusiva, necesariamente, pero de manera importante, creciente y sobresaliente. De ese modo, incluso el teatro de toda la vida ha pasado de promover el texto a la performance, de la escritura al movimiento y de la meditación al impacto.
En contraste con la cultura propia del libro, que requería aplicación e intensidad en la atención, la cultura audiovisual reclama extroversión y extensividad sensorial ante el panorama. Leer evoca una acción con profundidad para descodificar apropiadamente los garabatos, pero las pantallas o los panoramas se corresponden con una recepción en superficie. La cultura del libro es del orden del silencio mientras que la audiovisual pertenece a la naturaleza del estruendo. O bien, el clamor de la muchedumbre en la grada constituye el revés de la callada lectura en el gabinete solitario.
La cultura del libro, en fin, es de máxima concentración y la audiovisual de expansión máxima. Igualmente, el escenario amplio abierto sustituye a la encuadernación estricta y la intemperie del campo al confinamiento. De este modo diverso, a una cultura suave sucede otra agitada. A una insignia del saber culto, expresado por antonomasia durante siglos en el sigilo del libro, se superpone el ruidoso saber de la cultura pop democratizada y extendida en la sociedad del espectáculo.
Para casi todo aquel sujeto conspicuamente adiestrado en la etapa precedente el fútbol significa, a menudo, lo inculto. Pero el fútbol será, en este sentido, inculto sólo en la medida en que no se parezca en nada a la significación del saber libresco ni se avenga con sus santuarios. Será inculto -y anticultural- para aquellos feligreses del reino cultural anterior pero para la nueva época, saturada de saber audiovisual y ejercitada en la cultura de superficies, el fútbol representará no sólo un fenómeno propio de la cultura imperante sino, como hacen saber los millones de aficionados en todo el mundo, una muestra suprema de la nueva experiencia culturizada. El culto al fútbol. -
Ahora que es la época...
Y que se avecina la Eurocopa, escaparate en el que los jugadores verán aumentado su precio de mercado de una forma asombrosa con sólo conectar un buen pase, es el momento de fichar. Pero de fichar bien, no como en el video que les dejo a continuación, que recoge las adquisiciones más "rentables" que se han hecho en Europa, pero sobre todo en la liga española, en los últimos tiempos.
Seguro que, al ver el video, muchos se acordarán de estas figuras, jugadores cuya sonrisa, que no técnica, nunca olvidaremos.
¿Cómo hablar de fútbol en un país sin fútbol?
El fútbol es lindo porque se habla, le escuché una vez a uno de esos metafísicos jugadores argentinos que durante treinta años se dedican a pegar patadas a los delanteros y los otros treinta haciendo filosofía del balompié, citando la Crítica del juicio de Kant para hablar de los árbitros y la Etica more geometrico de Spinoza, para apoyar la triangulación en el centro del campo. El caso es que ese adagio o aforismo filosófico me gustó: sí, el fútbol se habla, se crea dos veces: una en el campo, con la jugada; otra en la banda, las gradas, los bares, los trabajos o las casas, cuando se comenta. Ahí se vuelve a recrear, nace el fútbol de nuevo y las jugadas se encarnan, una y otra vez, en sí mismas, cambiadas unas veces, manipuladas siempre, rebobinadas y adaptadas a la creciente leyenda hasta que lo sucedido es sólo una sombra de lo narrado.
A quienes nos gusta el fútbol de verdad (es decir, a quienes nos gusta jugarlo tanto o más que verlo) nos resulta muy difícil pasar los días sin hablarlo, sin volver a crear, eviternamente, jugadas que seguramente no existieron, o que no eran tan elegantes y preparadas como resultaron ser. En nuestra recreación no hay rechaces, ni rebotes, las parábolas son perfectas y los regates sin tacha. Se introduce en el relato del fútbol la perfección que no existe en la vida real. Sin esa verbalización el fútbol pierde parte de su encanto. Cuando me vine a Estados Unidos pensé que lo iba a pasar mal por no poder jugar al fútbol (como, al menos de momento, ha ocurrido), pero jamás pensé que lo peor de todo iba a ser el no poder hablar de fútbol. Gracias al satélite veo, gratis y en directo, varios partidos de la Liga española, la Champions y ahora la Eurocopa al completo. Es decir, se ve más fútbol que en España y más barato. Pero ¿de qué me sirve si no puedo comentarlo con nadie? La gente en New Mexico se divierte con sus Lobos -el equipo universitario local de fútbol americano y béisbol- y, como mucho, extiende su afición a los Spurs de San Antonio, semifinalista la NBA. Ignoran lo que es el fútbol, al que llaman soccer porque el “fútbol” es el suyo, su versión homoerótica del rugby (David Foster Wallace dixit en La broma infinita), y tan sólo les suena un poco el nombre de David Beckham. ¿Ese es amigo de Tom Cruise, no? Sí, respondo, es amigo de Tom Cruise.
Con lo cual, cuando España mete un gol, los vecinos deben pensar que estoy loco. Cuando Higuaín marcó aquel derechazo que sentenció la Liga, llamaron a la policía, pensando que alguien me estaba robando, o algo peor. “Si pasa el algo peor -les dije, mientras los agentes abandonaban la casa-, por favor no interrumpan, que no está la cosa para desperdiciar oportunidades”. Así que veo los partidos de la Eurocopa triste, pensando que no podré comentar con nadie la apisonadora alemana o la mediocridad de Francia. Con lo que nos gusta a todos hablar de la mediocridad de Francia, aunque sea mentira.
Así que lo que he hecho, para poder aliviarme, es pasar el ambiente del fútbol a mi vida diaria.Si tropiezo en el supermercado con alguien, que ha entrado con su carrito a traición por un pasillo lateral, y trastabilleando consigo seguir mi camino, aplico la ley de la ventaja y acelero para llegar antes a la caja registradora para marcar, los precios. Cuando mis compañeras de trabajo me dicen que han llamado de alguna institución, cancelando una reunión que teníamos pendiente, digo a grito pelado: “¡Hijos de puta!”. En los actos literarios, organizo a las azafatas con cuatro cerrando atrás, tres en el centro (la central es la que reparte, el micrófono al público), dos en los laterales y dos al fondo, esperando de palomeras. Cuando hay un agente, de negro, dirigiendo el tráfico con un silbato, no puedo evitar lanzarle una mirada furibunda.
Lenitivos. Parches. Soluciones que no funcionan. Porque en el fondo lo importante es hablar el fútbol, comentarlo. Vivirlo en solitario es algo triste, como beber en solitario; sólo se puede alimentar la conversación con uno mismo, hablando con el minúsculo barcelona que todos llevamos dentro -nuestro enemigo interior, nuestra sombra junguiana, el Mal encarnado-, o manteniendo la conversación a distancia, por Internet.
Como ahora hago.
Contestadme, maldita sea.
Una revista de occidente española
Y Portugal perdió, y el joven jugador Ronaldo se va por la puerta grande a soñar, seducido por esa prensa que todavía no es propensa a negarle el pan, ni siquiera al escepticismo, por aquello de la ley del mercado. Alemania ganó, sacó esa casta de campeona, exhaló ese aire, llevó a la presidenta cristiana Merkel a hablar de buenos modales y demostraron estar unidos para las causas, como todo buen país de cultura nacional o romántica.
El joven Ronaldo se va, la prensa manda, como un soñador para unos y como un inmoral para otros. Toca el reparto de papeles, y la estética y la ética se vuelven a enfrentar, de nuevo. Y ya tenemos a los panfletarios, que da pereza señalarlos, hablando de mercenarios. Mercenarios hay muchos y la noblez obliga a señalar que escribir para un panfleto es ser un mercenario, a no ser que, como dice el maestro Umbral, se sienta y se viva. Pero eso ya es otra historia, más peligrosa porque significaría que no hay esperanza ni para los mercenarios, sino sólo lugar para los asnos de más discreto calaje.
Uno piensa que el futbol son leyendas, pero ya no hay leyendas en el caso de Cristiano Ronaldo. No puede cambiar de casa sino es resucitando, y no puede ser un hombre de honor sin tener a un equipo por enseña. El jugador luso no es un hombre de equipo, pero eso ya lo sabíamos todos. Es hombre de toque, de técnica y de momentos de grand style muy propios. No debería la prensa sacar a colación la histroia, tan reaccionaria en el fondo, de que los millones son significado de impureza, porque el tiraje de las copias también son muchos árboles en el bosque, y las portadas también muchos colores sin lisergia. Y puestos a decir pa qué, ya va siendo hora de crear una Revista de Occidente deportiva. Ahí dejo la propuesta.
La Crónica: España - Italia

Algunos habían calificado el partido de hoy de cita con la historia. Sin duda, el Ernst Happel de Viena estaba destinado a acoger uno de los partidos de esta Euro 2008, una final anticipada precedida por los augurios de una Italia diezmada, sin Pirlo ni Gattusso, pero consciente de poseer la suerte de la campeona. Como en aquellos famosos cuartos de final disputados entre ambas selecciones en el Mundial 94 en E.U.A, donde la azzurra ganó por dos goles a uno, dejando la triste imagen de un Luis Enrique que abandonó el campo con la nariz rota a codazo de Tassotti y llorando de impotencia. Esta noche, en cambio, hemos presenciado como Villa, ese heredero natural del asturiano, se abrazaba a sus compañeros radiante de felicidad después de superar la tanda de penaltis, sabedor de que España estará en las semis ante Rusia.
El partido se antojaba muy complicado para los de Aragonés, que tenían la laboriosa misión de romper la defensa numantina de los italianos, forjada en un 4-3-3 movilizado por un De Rossi destinado a suplir al mejor de los italianos, al milanista Pirlo. El inicio del partido ha marcado un dibujo claro de lo que sería todo el partido en líneas generales. España, desempeñando su renovado juego de matices azulgranas, ha dominado la situación, controlando el balón, manteniendo la calma y buscando cambiar el resultado a través de las botas de esos rojos genios encargados de materializar las jugadas en gol. Ni tan siquiera los altibajos de Ramos en la primera parte han permitido que el mejor Cassano y el transformado Grosso pudieran con unos Puyol y Marchena hoy dignos de mención. En el medio, dirigía Xavi, Iniesta aparecía fugazmente para aportar sus trucos y Silva brincaba con el balón en los pies para afianzar aún más, si es que todavía se puede, su espontánea química con Villa. Porque la dupla del Valencia ha vuelto a demostrar hoy que es la cabeza de esta selección sin contar, claro está, con la bendecida presencia de un Torres ya talludito.
Los dos equipos se han ido al descanso con un 0-0 que, a mitad del partido, ya avivaba un soñado pase en los penaltis para los italianos. Prueba de ello es que, salvo algún que otro testarazo de Luca Toni y alguna internada de Di Natale por la banda (ha salido por Cassano como segunda punta), Italia ha estado muerta, retrasando las líneas para tapar todo lo que llegaba. Pero esta España es demasiado equipo. No ha marcado, la mala fortuna y el mejor portero del mundo, con el permiso de Casillas, lo han impedido, pero el despliegue de todo el equipo ha sido maravilloso. Personalmente, me gustaría destacar un disparo de unos 35 metros de Senna, cañonero oficial de la roja, que ha reventado el balón, el cual ha volado por el terreno de juego hasta los inquebrantables guantes de Buffon para escaparse a posteriori y pegar llorando contra el poste. Una secuencia mágica que bien podría haber sido protagonizada por Oliver Atton, en su afán por batir al poderoso arquero del Meiwa, Ed Warner.
Cerca del final, Luis ha dado salida a Cazorla y Fábregas por Iniesta y Xavi, como ya hiciera en el partido contra Suecia, hoy quizá con menos efectismo. El deseo de los italianos se ha cumplido, y una fatigosa prórroga ha fenecido en los siempre impredecibles penaltis, con la ilusión azulona proyectada en la figura del meta Buffon. Lo que no ha considerado Italia es que delante se encontraba el otro gran portero de la élite mundial. San Iker le llaman los aficionados del Madrid, razón no les falta. Sus reflejos y su salto de lince le han valido para desbaratar los planes de Donadoni con dos paradas a penaltis de De Rossi y Di Natale.
Así pues, los cuartos han llegado a su fin con un partido vibrante y no exento de emoción en el que, por primera vez en mucho tiempo, y hablando en términos de duelo entre ambas selecciones, ha triunfado el fútbol. Ahora espera la Rusia de Hiddink, un rival temible que no se lo pondrá nada fácil a España. Hay juego, hay Eurocopa.
Conversaciones en el abismo de la Eurocopa
Alvy Singer se reune con el inefable e imparable Jorge Salanova, que ahora ha fichado por si mismo en la blogoesfera, para hablar de forma encriptada de política. Y de forma clara, de fútbol. No podía ser de ninguna otra manera.
Jorge Salanova:
Bueno... ¿cómo deberá superar españa a rusia? ¿Es un triunfo el hecho de haber llegado a semifinales? Es decir, que si caemos en semifinales... ¿sería un fracaso?
Alvy Singer:
Yo creo que caer en semifinales sería un éxito porque Rusia es el verdadero equipo revelación. Lo que pasa es que esta Eurocopa ha sido la de los solapes mediáticos. Los diarios deportivos han decidido que esta debía ser la Eurocopa de Portugal y Francia, por el tirón que desprenden dos jugadores individuales con más dudas que otra cosa. Respecto al tema español, creo que se trataba de superar los cuartos y no nada de una victoria. También es cierto que la poderosa crisis económica que vivimos ayuda a soñar con una victoria, así el fútbol daría aire a un gobierno que está en serios aprietos. Pero no lo sé, están defraudando los que tenían garantías, como mi admirado Andrés Iniesta, y suplentes más que dignos, como Raúl Albiol, están siendo algo apartados del equipo. Por otra parte, el hecho de que no juegue Marcos Senna puede ser capital. ¿Usted cómo lo ve?
Jorge Salanova:
No lo veo, en abosluto, como un fracaso: el hecho de haber ganado a italia tal y como lo hemos hecho, y en general, tal y como se ha jugado todo el campeonato no puede ser un fracaso. A priori Rusia debería ser fácil para España, pero la llegada de Arshavin puede resultar desconcertante. España ganó sin él, aún así, por juego, a Rusia le costará muchísimo más superar a España que como lo hizo contra Holanda. Holanda no jugó como solía hacer y despreció a Rusia. España no debe menospreciarla, y en realidad debería ser un partido relativamente fácil ya que hemos jugado contra ellos. Aún así, repito, Arshavin es un jugador que marca la diferencia en el ataque ruso, hace que todo fluya, pero si jugamos defensivamente igual que contra Italia ganaremos. En realidad, lo que tenemos que hacer es jugar igual, adaptándose más al juego ruso y punto.
Alvy Singer:
Holanda también ha sido una decepción. Para mí el titular que se han perdido los tan poéticos diarios deportivos es el de Van Basten y Donadoni, un fracaso generacional. Si trabajara en La Gazzeta Dello Sport tiraría del maleficio biológico para justificar esta debacle. Italia tiene la excusa de la ausencia de Pirlo y la mediocridad confirmada de Aquilani, pero todo en Holanda eran halagos: el toque rápido desde atrás y siempre avanzando las líneas, el consabido plano de Johan Cruyff, la velocidad de Robin Van Persie, la veteranía indiscutible de Van Nistelrooy y el festival dado por los tulipanes blancos, Robben y Sneijder. ¿Qué ocurrió entonces? Yo creo que hay una pieza en Holanda fundamental y que se detectó en sus mejores momentos, y es Rafael Van der Vaart. Cuando él dejó de funcionar, su equipo se vino abajo. Y después está el escaso interrogatorio por la suplencia, progresiva, de Klas Jan Huntelaar, por no centrarme en los apellidos, cual general...
Jorge Salanova:
Y el otro problema es que Holanda, directamente, jugó creyendo que tendría suficientes oportunidades para marcar. Van der Vaart abandonó el partido psíquicamente, y Sneijder intentó todo desde fuera del área como último recurso desesperado, pero ya era demasiado tarde, Rusia se había armado a la perfección: Una defensa muy equilibrada, una contra mortal llevada siempre por Arshavin que desquilibraba Holanda. Y todo se convirtió en un bucle: Balón para Sneijder, buscar un pequeño huevo y a ver si es gol. Ese fue el problema de Holanda: Que no funcionó desde el principio, que cuanod se dio cuenta, Rusia ya estaba cómoda y segura de sí misma. Van Basten no supo adaptarse al encuentro. Siempre empezó ganando y controlando el partido a su manera, Cuando Rusia marcó trastocó todo.
Alvy Singer:
¿Deberíamos hablar de despidos? Roberto Donadoni y Raymond Doménech son los nombres sobre los que más se dudan. Aunque yo apuesto por el seleccionador sueco, cuya credibilidad parece intacta y su revalidación de Larsson como titular suena a broma de fin de año mal digerida. La otra selección revelación, auspiciada por Julio Maldonado "Maldini", era Croacia. Las botas del joven Luka Modric, o obstante, no han defraudado para nada, pero creo que está bien que en el fútbol haya siempre un pequeño espacio para la sorpresa, que es lo que ha dado una España a la que ya admiran desde los banquillos Arséne Wénger y Zinedine Zidane. Dicho sea todo esto desde la más pura narrativa, sin otra intención más que la de lo visto. Con toda franqueza, el de Rusia es partido para Torres y si hay una final, debería ser el verdadero retiro de Ballack, privado de demasiadas glorias en 2006 y 2008. Por otra parte la ausencia de Inglaterra no parece trastocar muchos planes porque los rumores indican que hay Arsenal en busca de Nasri, fichado ya, y Albiol, próximamente. ¿Es la Eurocopa de los fichajes de la enriquecida y ausente Premiere, de las decepciones lusas o de los despidos de los entrenadores?
Jorge Salanova:
Es la Eurocopa del verdadero sentido del espectáculo futbolístico. Hemos vivido unos cuartos de final absolutamente memorables por la intensidad y el buen juego que se ha dado por parte de los equipos. Ni decepciones lusas, que era algo que se veía venir en un equipo que basaba su juego en la calidad individual de sus jugadores, ni de los fichajes de un entrenador tan sabio como Wenger, ni de los despedidos de un entrenador al que se le ha acabado todo el crédito, que es Domenech, el que ha ifnalizado una etpapa junto a sus jugadores, en el caso de Donadoni...le daría una opotunidad. Croacia necesita un Hiddink, es una selección talentosa. El de Rusia es partido para Torres, Villa y Cesc. Si aparece el Cesc de los mejores momentos contra Italia puede desequilibrar a Rusia, aunque jugaría con Cesc desde la segunda parte y apostaría por Xavi desde el inicio para establecer un orden estructural y la tranquilidad en el juego. Volviendo al tema de los cuartos, si la Eurocopa pasada fue la del tedio esta es todo lo contrario.
Alvy Singer:
Europa está deprimida, está triste y está a la espera de que un negro ponga a los menos oscuros en su sitio. Europa busca un libre mercado un poco más libre y menos mercado, y para eso, para convencernos de todo sin ir a la iglesia, hace falta congregar a los medios y a la gente en un estadio, junto a futbolistas que sin guión se convierten en mitos. La filosofía YouTube no ha creado pequeños y tractivos superhéroes balompédicos, protoZidanes o protoRonaldinhos, a escala mínima, como era de esperar al principio, sino protoresumenes televisivos de grandes momentos. O sea que Youtube ha pasado de ser la quimera de lo global al resumen de la memoria. Y con esto me gustaría pensar que un país que atraviesa un momento tan sudorosamente extraño como es España (presa de aquella especulación, tan de patrones en las que nos sumergimos hará casi una década) pueda hacer algo para distraer los ánimos y firmar la natalidad alta, en medio de una gran depresión a escala global y también a corto plazo porque las consecuencias reales se emiten por televisión. Pero sólo el fútbol puede conjurar buena suerte en país de manifestaciones por descensos. Así que con esto me despido. Ha sido un placer y todo un honor.
Jorge Salanova:
La Eurocopa ha creado una especie de catarsis en general, en especial a España, que está ilusionada y cree en sí misma, algo inusual en un país con complejo de inferioridad. Por lo demás, ha sido otro gran placer. El honor es mío.
La Crónica: Rusia 0 - España 3

Supongo que sería de recibo empezar esta crónica con una clásica contextualización marcada por los 24 años de España sin jugar una final de Eurocopa, pero no lo voy a hacer. No lo haré porque todavía sigo embriagado, ebrio, me atrevería a decir, de buen fútbol. Llegar a una semifinal como esta y ver que sobre el campo se proyecta una diferencia total entre los dos equipos no pasa todos los días. De hecho, lo que no sucede o no había sucedido en muchos años de historia futbolera era ver a la selección española como principal gestora de la poesía balompédica de un torneo. Sí, no es un sueño, parece que el jolgorio levantado por el “podemos” se ha materializado en las botas de estos 11 gladiadores, sin olvidar a los reservas de lujo, que nos están acompañando por este paseo por las nubes, sin Keanu Reeves, por suerte, hasta el preciado Sol que se esconde tras la final del domingo.
Rusia venía de golear a la todopoderosa Holanda, con un Arshavin y un Pablyuchenko en estado de gracia y como únicas referencias en ataque. El 4-4-2 de Hiddink, esta vez con el interior Zyrianov en su haber, perseguía borrar del mapa el ya clásico 4-1-3-2 de Aragonés tal y como hizo con la “naranja mecánica”, pero poco podía imaginar este buen holandés, y mejor entrenador, que delante se encontraría con otro espectáculo de la Roja, hoy, por cierto, luciendo un bello y augurador dorado.
Desde que la pelota se ha puesto en circulación, el partido ha dictado sentencia. España salía con hambre, con ganas de golear de nuevo a esta reveladora Rusia para llegar a la final y dar muerte a los invulnerables alemanes. Como siempre, Xavi ha sido el director de orquestra, aunque en la primera mitad ha faltado más presencia de Iniesta para conectar con Silva y algo más de recorrido para Capdevila, que no ha arriesgado demasiado pese a tener espacio. Sí que ha sido, en cambio, la parte de Ramos. Gran partido del madridista, portentoso en cada una de sus acciones por la banda y solvente en la neutralización de Arshavin, al cual ha borrado del partido después de unos intentos del jugador del Zenit por buscar a Pablyuchenko en el área. Entretanto, Torres se movía por el área rusa con mucha inteligencia, abriendo espacios y cazando balones gentilmente para inventar jugadas de ensueño que no han terminado en gol En general, pues, España ha dominado el juego, pero con alguna que otra contra poco intimidatoria de los rusos por medio de Shemchov, encargado de sacar rápido el balón.
El drama lo ha puesto Villa, que en un disparo de falta ha sufrido una pequeña lesión que le ha obligado a abandonar el césped y dar entrada a Cesc. Han sido momentos de cierta tensión y nervios por los aficionados, con el 0-0 todavía candente y paradas in extremis de Casillas, y de impotencia y rabia de Villa, que desgraciadamente tiene muchos números de perderse la final del domingo. Sin embargo, nadie imaginaba que la entrada del areñenco jugador del arsenal alejaría los fantasmas en cuestión de minutos. Porque su presencia, junto a unos Xavi e Iniesta pletóricos, ha sido determinante para consumar la fastuosa victoria acontecida en los siguientes 45 minutos.
El control de la primera mitad ha mutado en una primorosa tiranía en la segunda, que ha dejado a los rusos sin ninguna opción. Senna ha vuelto a demostrar porque es una pieza fundamental de Pellegrini en el Villarreal y Capdevila, ahora sí, ha dado la razón de nuevo al “Zapatones”, justificando su más que digno papel en este equipo. El primer gol surgiría, de nuevo, de una genialidad de los codiciados y talentosos medios del Barça, Iniesta y Xavi, que ha terminado con un caño del de Terrassa a Akinfeev.
El segundo, a cargo de Güiza, ha nacido de un suave toque que ha elevado el esférico ahí donde el portero nunca logra atraparlo cuando se adelanta. Había salido por Torres, de la misma forma que Xabi Alonso lo había hecho por el otro Xavi. Cerca del final, Silva ha completado el festival con un tercer gol que, visto lo visto, ha hecho más que justicia al encuentro. Y es que los rusos han desaparecido literalmente del campo, sólo tocaba y tocaba España en una suerte de tiralíneas mágico y perfecto.
España está en la final por auténticos méritos propios, con un juego que está maravillando a toda Europa. Alemania siempre es Alemania, de acuerdo, pero no sé hasta que punto la dicha de Gary Lineker podrá contrarrestar este torrente de fútbol y goles que encarna el equipo de Luis Aragonés. El domingo, finalaza.
